Las crisis bursátiles forman parte de la historia de los mercados financieros. A lo largo del tiempo se han producido periodos de fuertes caídas provocados por recesiones, crisis financieras, cambios en los tipos de interés, conflictos geopolíticos, problemas empresariales, pandemias y otros acontecimientos inesperados.
Cuando las cotizaciones bajan con rapidez, mantener la calma puede resultar complicado. Ver una cartera perder un 10%, un 20% o incluso más de su valor puede generar miedo y hacer que aparezca una necesidad urgente de actuar.
Sin embargo, una crisis bursátil también pone a prueba algo fundamental: la capacidad del inversor para seguir un plan cuando el entorno es más incierto.
Esto no significa que durante una crisis haya que mantener siempre todas las inversiones. Una caída puede revelar que una cartera tenía demasiado riesgo o que determinadas inversiones ya no encajan con los objetivos del inversor. La clave consiste en diferenciar una decisión razonada de una reacción impulsiva.
¿Qué es una crisis bursátil?
No existe una única definición para todas las situaciones, pero normalmente hablamos de crisis bursátil cuando se produce un deterioro significativo y rápido de los mercados, acompañado en ocasiones por elevada volatilidad, fuertes descensos de las cotizaciones y un aumento de la incertidumbre.
En una crisis pueden caer simultáneamente numerosos activos.
Por ejemplo, un índice bursátil diversificado puede registrar pérdidas importantes aunque muchas de las empresas que lo componen continúen operando con normalidad.
Esto es importante porque una caída del precio no equivale automáticamente a una pérdida permanente del valor económico de una inversión.
No obstante, tampoco significa que todas las caídas sean temporales. Algunas empresas pueden deteriorar seriamente sus negocios y determinados activos pueden no recuperar nunca sus máximos anteriores.
Por eso es necesario analizar qué está ocurriendo.
Lo primero: no tomar decisiones en caliente
Una de las principales dificultades durante una crisis es la velocidad con la que se producen los acontecimientos.
Los mercados pueden caer varios puntos porcentuales en una sola sesión y los medios de comunicación pueden publicar constantemente nuevos titulares.
En esas circunstancias, una reacción emocional puede parecer razonable.
Antes de vender, comprar o modificar significativamente una cartera, puede ser útil establecer una pausa y responder algunas preguntas:
- ¿Ha cambiado mi objetivo financiero?
- ¿Ha cambiado mi horizonte temporal?
- ¿Necesito realmente ese dinero a corto plazo?
- ¿La inversión sigue cumpliendo la función para la que la compré?
- ¿Estoy actuando por miedo?
- ¿Mi cartera tenía demasiado riesgo desde el principio?
Si las respuestas no han cambiado, quizá tampoco sea necesario modificar radicalmente la estrategia.
Una caída del mercado no es lo mismo que una pérdida permanente
Supongamos que compras una inversión por 10.000 euros y posteriormente su valor cae hasta 7.000 euros.
En ese momento existe una pérdida no realizada de 3.000 euros.
Si vendes, la pérdida pasa a materializarse. Si mantienes la inversión, el resultado futuro dependerá de cómo evolucione su valor.
Esto no quiere decir que mantener siempre sea mejor que vender. Una inversión puede continuar cayendo o no recuperarse.
La cuestión importante es evitar una simplificación:
«El precio ha caído, por lo tanto la inversión ya no vale lo mismo.»
El precio de mercado y el valor económico pueden estar relacionados, pero no son exactamente lo mismo.
En acciones individuales, por ejemplo, hay que analizar si han cambiado los ingresos, beneficios, deuda, flujo de caja, posición competitiva o perspectivas del negocio.
En un fondo diversificado, la evaluación puede centrarse en el conjunto de activos que contiene y en si continúa siendo adecuado para el objetivo previsto.
Revisa tu cartera, no solo las cotizaciones
Durante una crisis, mirar únicamente el porcentaje de caída puede ser contraproducente.
Es más útil revisar la composición de la cartera.
Imagina una cartera hipotética con:
- 70% en renta variable.
- 20% en renta fija.
- 10% en liquidez.
Si la bolsa cae con fuerza, el porcentaje de renta variable puede reducirse automáticamente dentro del patrimonio total.
En ese caso, el inversor podría revisar si la distribución resultante sigue siendo coherente con su estrategia.
Esto es diferente de vender simplemente porque los precios están bajando.
El rebalanceo puede formar parte del plan
El rebalanceo consiste en devolver una cartera a la distribución de activos establecida inicialmente.
Por ejemplo, si una cartera fue diseñada con un 60% de acciones y un 40% de renta fija, una caída bursátil podría hacer que las acciones representasen ahora un porcentaje inferior.
El inversor podría utilizar nuevas aportaciones o vender una parte de determinados activos para recuperar los porcentajes establecidos, dependiendo de su estrategia.
El rebalanceo no predice el mercado ni garantiza beneficios. Su función principal es mantener el nivel de riesgo objetivo.
Además, durante una crisis puede resultar psicológicamente difícil comprar un activo que está cayendo. Precisamente por eso, disponer de reglas definidas con antelación puede ayudar a evitar decisiones basadas exclusivamente en las emociones.
¿Deberías comprar durante una crisis?
Una caída importante puede hacer que determinados activos coticen a precios inferiores a los anteriores.
Pero que un activo haya bajado no significa automáticamente que esté barato.
Una empresa puede perder valor porque sus beneficios futuros sean inferiores a los que esperaba el mercado.
Por ejemplo, una acción que cae de 100 a 60 euros no necesariamente ofrece una oportunidad mejor que antes. Si las perspectivas del negocio también han empeorado significativamente, el nuevo precio puede seguir siendo elevado.
En el caso de fondos o índices diversificados, la situación es diferente porque el inversor está comprando una cesta de activos.
En cualquier caso, invertir durante una crisis implica aceptar que los precios pueden continuar cayendo después de la compra.
Por eso, nadie debería invertir dinero que pueda necesitar inmediatamente para cubrir gastos esenciales.
Mantener un fondo de emergencia es especialmente importante
Una de las mejores defensas frente a una crisis bursátil no está necesariamente dentro de la cartera de inversión.
Es disponer de una reserva de liquidez para afrontar imprevistos.
Si una persona necesita dinero para una emergencia y todo su patrimonio está invertido en activos volátiles, podría verse obligada a vender después de una caída.
Un fondo de emergencia puede reducir la probabilidad de que una necesidad de liquidez termine provocando una venta en un momento desfavorable.
La cantidad necesaria dependerá de factores como estabilidad laboral, ingresos, gastos y obligaciones financieras.
No intentes adivinar el mínimo del mercado
Durante una crisis es habitual escuchar predicciones sobre cuándo terminarán las caídas.
El problema es que nadie conoce con certeza el mínimo de un mercado hasta después de que haya ocurrido.
Un inversor que vende esperando recomprar más abajo necesita acertar dos decisiones:
1. Cuándo salir.
2. Cuándo volver a entrar.
La segunda puede ser incluso más complicada.
Si el mercado comienza a recuperarse rápidamente, esperar a que «todo esté claro» puede significar reincorporarse después de una parte de la recuperación.
Por esta razón, intentar predecir cada movimiento puede resultar especialmente difícil.
Las aportaciones periódicas pueden ayudar
Para quienes invierten de forma periódica, una crisis implica que las nuevas aportaciones compran participaciones a precios diferentes.
Cuando los mercados bajan, la misma cantidad de dinero puede adquirir más participaciones que cuando los precios eran superiores.
Esto no elimina el riesgo ni garantiza que los precios vayan a recuperarse rápidamente.
Sin embargo, puede reducir la necesidad de decidir continuamente cuál es el momento perfecto para invertir.
Por ejemplo, una persona que aporta 300 euros al mes no necesita determinar exactamente si el mercado está en su mínimo. Continúa aplicando la estrategia establecida.
Cuidado con la información durante una crisis
La cantidad de información aumenta considerablemente cuando los mercados están cayendo.
Esto puede incluir:
- Noticias de última hora.
- Pronósticos económicos.
- Opiniones de analistas.
- Publicaciones en redes sociales.
- Vídeos de inversión.
- Titulares alarmistas.
- Predicciones sobre el próximo movimiento del mercado.
Consumir información constantemente puede incrementar la ansiedad sin mejorar necesariamente la calidad de las decisiones.
Conviene diferenciar entre información relevante para tu estrategia y ruido de corto plazo.
Una revisión periódica de fuentes fiables puede ser más útil que consultar constantemente las cotizaciones y titulares.
¿Qué hacer con las acciones individuales?
Las crisis pueden ser especialmente complicadas cuando tienes acciones concretas.
Una empresa puede verse afectada de forma muy diferente al mercado general.
Durante una crisis conviene revisar aspectos como:
- Evolución de los ingresos.
- Márgenes.
- Flujo de caja.
- Nivel de deuda.
- Liquidez disponible.
- Capacidad para financiarse.
- Posición competitiva.
- Dependencia del ciclo económico.
- Perspectivas del sector.
- Valoración.
Una caída del mercado general no convierte automáticamente una mala empresa en una buena inversión.
Del mismo modo, una empresa sólida puede sufrir una caída importante sin que sus fundamentos hayan cambiado en la misma proporción.
Las carteras diversificadas tienen otra dinámica
Los fondos indexados y ETF ampliamente diversificados permiten repartir la exposición entre numerosas empresas y, dependiendo del producto, regiones y sectores diferentes.
Esto no evita las pérdidas durante una crisis. Un índice global de acciones también puede registrar descensos importantes.
La diferencia es que el resultado no depende de que una sola empresa sobreviva, crezca o mantenga sus beneficios.
La diversificación reduce determinados riesgos específicos, aunque no elimina el riesgo general de mercado.
Revisa si realmente estás asumiendo demasiado riesgo
Una crisis puede servir como una prueba de realidad.
Si una caída del 20% provoca una reacción emocional que hace imposible mantener el plan, quizá el problema no sea únicamente la crisis.
Puede indicar que la cartera tenía un nivel de riesgo superior al que el inversor estaba dispuesto o preparado para soportar.
Hay que distinguir dos conceptos:
- Tolerancia al riesgo: cuánto descenso eres psicológicamente capaz de soportar.
- Capacidad para asumir riesgo: cuánto riesgo puedes soportar económicamente sin comprometer tus objetivos.
Una persona puede tener una elevada tolerancia psicológica pero necesitar el dinero dentro de pocos años. En ese caso, su capacidad para asumir pérdidas puede ser limitada.
El horizonte temporal cambia la perspectiva
No tiene el mismo significado una caída bursátil para alguien que necesita el dinero dentro de seis meses que para alguien que invierte para dentro de treinta años.
Cuanto más cercano está el objetivo, mayor importancia adquieren la liquidez y la estabilidad del capital destinado a ese objetivo.
Para objetivos de muy largo plazo, existe más margen temporal para atravesar diferentes ciclos de mercado, aunque las pérdidas nunca dejan de ser posibles.
Por eso, la cartera debería estar relacionada con el horizonte temporal de cada objetivo y no únicamente con la rentabilidad que se espera conseguir.
Qué hacer antes de que llegue la próxima crisis
La mejor preparación para una crisis suele realizarse cuando los mercados están tranquilos.
Puedes establecer previamente:
- Una asignación de activos. Define cuánto quieres mantener en renta variable, renta fija, liquidez y otros activos.
- Un fondo de emergencia. Evita tener que vender inversiones para cubrir gastos inesperados.
- Un horizonte temporal. Separa objetivos de corto y largo plazo.
- Reglas de rebalanceo. Determina cuándo revisarás los porcentajes de la cartera.
- Una estrategia de aportaciones. Decide cuánto invertirás periódicamente.
- Criterios de venta. Especialmente importantes si inviertes en acciones individuales.
- Un límite de concentración. Evita que una sola inversión represente una parte excesiva de tu patrimonio.
- Una frecuencia de revisión. No es necesario reaccionar a cada movimiento diario.
Un protocolo sencillo para momentos de pánico
Si el mercado cae con fuerza, puedes utilizar un proceso de cinco pasos:
1. Detente
Evita tomar una decisión importante inmediatamente después de una caída brusca.
2. Comprueba tus objetivos
Pregunta si realmente han cambiado tus necesidades financieras.
3. Analiza la cartera
Revisa qué está cayendo y por qué, en lugar de observar únicamente el porcentaje de pérdidas.
4. Comprueba el riesgo
Determina si la distribución de activos continúa siendo coherente con tu capacidad para asumir pérdidas.
5. Aplica las reglas establecidas
Si tu estrategia contempla aportaciones periódicas o rebalanceos, utiliza esas reglas en lugar de improvisar.
Errores que conviene evitar durante una crisis
Hay varios comportamientos que pueden aparecer con facilidad:
- Vender todo por miedo. Puede convertir una caída temporal en una pérdida definitiva y dejarte fuera de una eventual recuperación.
- Comprar cualquier cosa porque ha caído. Un precio inferior no garantiza una valoración atractiva.
- Utilizar dinero que necesitas a corto plazo. Los mercados pueden permanecer deprimidos durante más tiempo del esperado.
- Intentar acertar el mínimo. Es extremadamente difícil identificarlo en tiempo real.
- Concentrar la cartera en una supuesta oportunidad. Una crisis puede prolongarse y las pérdidas pueden aumentar.
- Operar constantemente. Más operaciones pueden significar más costes y más decisiones emocionales.
- Seguir predicciones como si fueran certezas. Las previsiones económicas y bursátiles son inciertas.
- Cambiar completamente de estrategia. Una cartera debe evaluarse en función de sus objetivos y no únicamente de lo ocurrido durante unas semanas.
Conclusión
Las crisis bursátiles forman parte del funcionamiento de los mercados y pueden resultar especialmente difíciles desde el punto de vista psicológico. Las caídas rápidas generan incertidumbre y pueden hacer que el inversor abandone una estrategia que, en condiciones normales, parecía razonable.
La preparación es una de las mejores herramientas para afrontar estos periodos.
Tener objetivos claros, mantener un fondo de emergencia, diversificar, ajustar el riesgo al horizonte temporal, establecer reglas de rebalanceo y automatizar las aportaciones puede reducir la necesidad de tomar decisiones impulsivas.
También es importante recordar que no todas las caídas significan lo mismo. Una caída general del mercado, un problema temporal de una empresa y un deterioro permanente de un negocio requieren análisis diferentes.
Durante una crisis, el objetivo no debería ser predecir exactamente cuándo terminarán las caídas, sino asegurarse de que la estrategia utilizada sigue siendo coherente con tus objetivos y con tu capacidad para asumir pérdidas.
Invertir implica riesgo, y una cartera puede perder una parte significativa de su valor, especialmente durante periodos de elevada volatilidad. Las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. Antes de modificar una estrategia de inversión, conviene considerar el horizonte temporal, las necesidades de liquidez, los costes y las consecuencias fiscales que correspondan a cada situación.
