El interés compuesto es uno de los conceptos más importantes que cualquier persona debería conocer antes de empezar a invertir. Su funcionamiento es sencillo: los beneficios que genera una inversión se reinvierten y, con el paso del tiempo, esos nuevos beneficios pueden generar a su vez más beneficios.
Esta dinámica hace que el crecimiento de una inversión pueda acelerarse a medida que pasan los años. Por eso, cuando se habla de construir patrimonio a largo plazo, el tiempo puede convertirse en uno de los factores más importantes.
En este artículo vamos a explicar qué es el interés compuesto, cómo funciona, qué factores influyen en su crecimiento y cómo puedes aprovechar este concepto dentro de una estrategia de inversión a largo plazo.
¿Qué es el interés compuesto?
El interés compuesto consiste en reinvertir los rendimientos obtenidos para que pasen a formar parte del capital sobre el que se calculan los siguientes rendimientos.
La diferencia respecto al interés simple es importante.
Con el interés simple, los intereses se calculan siempre sobre el capital inicial. Con el interés compuesto, los rendimientos se incorporan al capital y también empiezan a generar nuevos rendimientos.
En términos sencillos, se produce un efecto de “interés sobre interés”.
En esta fórmula, FV representa el valor futuro de la inversión, PV el capital inicial, r la tasa de rentabilidad por periodo y n el número de periodos.
No es necesario utilizar la fórmula constantemente para beneficiarse del concepto. Lo importante es comprender que el crecimiento depende tanto de la cantidad invertida como de la rentabilidad y, especialmente, del tiempo durante el que se mantiene la inversión.
Un ejemplo sencillo de interés compuesto
Imagina que inviertes 1.000 euros y consigues una rentabilidad hipotética del 5% anual.
Después del primer año tendrías 1.050 euros.
Si mantienes la inversión y obtienes nuevamente un 5%, el segundo año la rentabilidad se aplicaría sobre 1.050 euros, no solamente sobre los 1.000 euros iniciales.
Eso significa que el segundo año generarías 52,50 euros, suponiendo esa misma rentabilidad.
El proceso continúa año tras año.
En la realidad, las inversiones no suelen ofrecer una rentabilidad constante. El valor de una cartera puede subir y bajar y los resultados pueden ser muy diferentes de un año a otro. Por tanto, este ejemplo sirve únicamente para comprender el mecanismo matemático del interés compuesto.
La importancia del tiempo
Uno de los aspectos más interesantes del interés compuesto es que el tiempo puede tener un efecto enorme.
Cuando una inversión lleva pocos años creciendo, una parte importante del valor final procede de las aportaciones iniciales. A medida que transcurren más años, los rendimientos acumulados pueden representar una parte cada vez mayor del patrimonio.
Por eso, empezar a invertir pronto puede tener una ventaja importante frente a retrasar la inversión durante muchos años, siempre que la estrategia y el nivel de riesgo sean adecuados para la persona.
Esto no significa que una persona que empieza tarde no pueda construir patrimonio. Simplemente dispone de menos tiempo para que el efecto acumulativo se produzca.
Interés compuesto y aportaciones periódicas
El efecto puede ser todavía más interesante cuando, además del capital inicial, realizas aportaciones periódicas.
Por ejemplo, puedes invertir una cantidad determinada cada mes.
Cada nueva aportación aumenta el capital que potencialmente puede generar rendimientos futuros. Si además los rendimientos se mantienen invertidos, se crea un proceso acumulativo. Esta estrategia es una de las razones por las que muchas personas utilizan aportaciones periódicas para invertir a largo plazo.
No es necesario empezar con una gran cantidad de dinero. La constancia puede permitir aumentar progresivamente el capital invertido.
¿Cuánto puede crecer una inversión?
Para entender el efecto del interés compuesto podemos utilizar un ejemplo hipotético.
Supongamos una inversión inicial de 5.000 euros con una rentabilidad media anual del 7%, manteniendo todos los rendimientos invertidos.
Sin realizar ninguna aportación adicional, el capital crecería matemáticamente hasta aproximadamente:
- Después de 5 años: 7.013 euros.
- Después de 10 años: 9.836 euros.
- Después de 20 años: 19.348 euros.
- Después de 30 años: 38.061 euros.
Estos números son una simulación matemática, no una previsión de rentabilidad.
En una inversión real, los mercados no generan necesariamente un 7% todos los años. Puede haber años positivos, años negativos y periodos prolongados de volatilidad.
El ejemplo sirve para mostrar cómo una determinada tasa de crecimiento puede tener efectos muy diferentes dependiendo del tiempo.
El efecto de las aportaciones mensuales
Ahora imagina que, además de esos 5.000 euros iniciales, aportas 200 euros cada mes. El resultado potencial cambia considerablemente porque ya no depende únicamente de los 5.000 euros iniciales.
Cada aportación mensual se incorpora al capital y tiene su propio periodo de tiempo para crecer. Cuanto antes se realiza una aportación, más tiempo tiene potencialmente para generar rendimientos.
Por eso, para muchas personas resulta más importante desarrollar el hábito de invertir periódicamente que esperar a disponer de una cantidad enorme de dinero para empezar.
Interés compuesto no significa rentabilidad garantizada
Es fundamental entender una cosa: el interés compuesto es un concepto matemático, no un producto financiero que garantice beneficios.
Para que una inversión genere un crecimiento compuesto, los rendimientos deben mantenerse invertidos. Pero esos rendimientos pueden variar y, en determinadas inversiones, pueden producirse pérdidas.
Por ejemplo, una cartera de acciones puede experimentar una subida un año y una caída al siguiente.
Por eso no debes interpretar las simulaciones de interés compuesto como una promesa de que tu inversión alcanzará una determinada cantidad.
La rentabilidad real dependerá de la inversión elegida, los costes, los impuestos, las condiciones del mercado y otros factores.
¿Qué inversiones pueden beneficiarse del interés compuesto?
El concepto puede aplicarse a diferentes tipos de inversiones siempre que los rendimientos puedan reinvertirse.
En el caso de una cartera de acciones, por ejemplo, los dividendos recibidos pueden reinvertirse para comprar más activos.
En determinados fondos de inversión, los rendimientos pueden permanecer dentro del propio fondo en lugar de distribuirse al inversor. También puede producirse un efecto acumulativo cuando se reinvierten los intereses generados por determinados productos de renta fija.
Lo importante es analizar las características concretas de cada producto y no asumir que todas las inversiones funcionan exactamente igual.
Interés compuesto frente a inflación
También hay que tener en cuenta la inflación.
Si tus inversiones crecen un 5% anual, pero los precios aumentan un 3%, tu patrimonio habrá aumentado nominalmente, pero el incremento de tu poder adquisitivo será menor.
Por eso, cuando se analiza una inversión a largo plazo es útil distinguir entre rentabilidad nominal y rentabilidad real.
La rentabilidad real tiene en cuenta el efecto de la inflación y permite aproximarse mejor a cuánto ha aumentado realmente el poder adquisitivo del dinero. Esto es especialmente importante para objetivos que están a muchos años vista.
