Elegir buenas acciones para invertir es una de las tareas más importantes y, al mismo tiempo, más difíciles dentro de la inversión en bolsa. Comprar acciones de una empresa significa participar en su evolución económica, por lo que no debería basarse únicamente en que el precio haya subido recientemente o en una recomendación encontrada en Internet.
Una acción puede pertenecer a una empresa excelente y, aun así, no ser una inversión atractiva si se compra a un precio demasiado elevado. Del mismo modo, una compañía que parece barata puede seguir perdiendo valor si sus beneficios, su balance o sus perspectivas empeoran.
Por eso, aprender cómo elegir buenas acciones para invertir implica analizar tanto la calidad del negocio como su situación financiera, sus perspectivas y el precio que estamos pagando.
En este artículo encontrarás una guía práctica para principiantes con los principales factores que conviene estudiar antes de invertir en una empresa.
¿Qué significa que una acción sea “buena”?
No existe una definición universal de una buena acción.
Una empresa puede ser muy rentable, tener una marca reconocida y crecer rápidamente, pero sus acciones pueden estar cotizando a una valoración que deje poco margen para futuros errores.
Por tanto, conviene diferenciar dos conceptos:
Calidad de la empresa: cómo funciona el negocio y cuáles son sus perspectivas.
Atractivo de la inversión: relación entre la calidad del negocio, sus riesgos y el precio que se paga por las acciones.
La inversión consiste en comprar activos que puedan ofrecer una relación razonable entre riesgo y rentabilidad potencial. Determinar cuál es esa relación requiere análisis y siempre existe incertidumbre.
1. Entender el negocio de la empresa
El primer paso debería ser entender qué hace la compañía.
Puede parecer demasiado sencillo, pero es fundamental.
Antes de comprar una acción deberías poder explicar con palabras relativamente simples:
- Qué vende la empresa.
- Quiénes son sus clientes.
- Cómo genera ingresos.
- Cuáles son sus principales costes.
- En qué mercados opera.
- Quiénes son sus competidores.
- Qué factores podrían hacer crecer o reducir sus beneficios.
Si no entiendes cómo gana dinero una empresa, puede ser difícil valorar sus perspectivas.
Una compañía con un modelo de negocio complejo no es necesariamente una mala inversión, pero puede resultar más difícil de analizar para alguien que está empezando.
2. Analizar el crecimiento de los ingresos
Los ingresos representan el dinero que una empresa obtiene de sus actividades comerciales antes de descontar sus gastos. Analizar su evolución durante varios años puede proporcionar información sobre el crecimiento del negocio.
No basta con comprobar si las ventas aumentan. También conviene preguntarse por qué están aumentando.
Un crecimiento saludable puede proceder de:
- Aumento del número de clientes.
- Incremento de ventas por cliente.
- Entrada en nuevos mercados.
- Lanzamiento de nuevos productos.
- Aumento de precios.
- Adquisiciones de otras empresas.
En cambio, un crecimiento basado principalmente en adquisiciones financiadas mediante deuda puede tener características diferentes a un crecimiento generado internamente.
Por eso, las cifras siempre deben analizarse junto con su contexto.
3. Observar los beneficios
Los ingresos por sí solos no cuentan toda la historia.
Una empresa puede vender cada vez más y, sin embargo, tener dificultades para generar beneficios. Por eso conviene estudiar indicadores como el beneficio neto y el beneficio por acción.
El beneficio por acción (BPA) relaciona los beneficios atribuibles a los accionistas con el número de acciones existentes.
Una evolución creciente del BPA puede ser una señal interesante, aunque tampoco garantiza que la empresa vaya a seguir creciendo en el futuro.
También hay que prestar atención a situaciones en las que el beneficio aumenta simplemente porque disminuye el número de acciones mediante recompras. Esto no es necesariamente negativo, pero conviene entender qué está ocurriendo.
4. Analizar los márgenes
Los márgenes permiten conocer cuánto dinero queda de los ingresos después de determinados costes.
Entre los indicadores habituales están:
- Margen bruto.
- Margen operativo.
- Margen neto.
Una empresa con márgenes elevados puede tener ciertas ventajas frente a competidores con márgenes muy reducidos.
También resulta útil observar la evolución histórica.
Si los márgenes aumentan, puede indicar mejoras de eficiencia, capacidad para subir precios u otros factores favorables. Si disminuyen de forma persistente, conviene investigar las causas.
5. Revisar la deuda
La deuda puede ser útil para financiar inversiones y crecimiento, pero también puede aumentar el riesgo financiero.
Una empresa muy endeudada puede tener dificultades si:
- Suben los tipos de interés.
- Caen sus ventas.
- Disminuyen sus beneficios.
- Necesita refinanciar deuda.
- Se produce una crisis económica.
Por eso es importante analizar el balance y comparar la deuda con la capacidad de la empresa para generar beneficios y flujo de caja.
No existe una cantidad de deuda que sea automáticamente buena o mala para todas las empresas. Las necesidades financieras de una compañía industrial pueden ser muy diferentes de las de una empresa tecnológica.
6. Mirar el flujo de caja
Los beneficios contables no siempre coinciden con el dinero que realmente entra y sale de una empresa.
El flujo de caja libre es una métrica que muchos inversores utilizan para analizar cuánto efectivo genera un negocio después de determinadas inversiones necesarias para mantener o desarrollar su actividad.
Una empresa que genera flujos de caja consistentes puede disponer de mayor capacidad para:
- Reducir deuda.
- Reinvertir en el negocio.
- Pagar dividendos.
- Realizar adquisiciones.
- Recomprar acciones.
Sin embargo, también aquí es necesario estudiar el contexto y la calidad de esos flujos de caja.
7. Buscar ventajas competitivas
Una de las preguntas más importantes es:
¿Por qué los clientes deberían seguir eligiendo esta empresa dentro de cinco, diez o quince años?
Algunas compañías cuentan con determinadas ventajas competitivas, también conocidas como moats.
Pueden proceder de:
- Una marca fuerte.
- Patentes.
- Efectos de red.
- Economías de escala.
- Costes de cambio elevados.
- Tecnología difícil de replicar.
- Una posición competitiva consolidada.
Estas ventajas no son permanentes. Los cambios tecnológicos, nuevos competidores o modificaciones regulatorias pueden debilitarlas.
Por eso hay que analizar si la ventaja competitiva parece sostenible.
8. Analizar el equipo directivo
La dirección de una empresa toma decisiones que pueden afectar significativamente a los accionistas.
Conviene estudiar aspectos como:
- Historial de asignación de capital.
- Política de dividendos.
- Uso de la deuda.
- Adquisiciones realizadas.
- Recompras de acciones.
- Comunicación con los accionistas.
- Remuneración de los directivos.
También puede ser útil leer los informes anuales y las comunicaciones oficiales de la compañía.
El objetivo no es encontrar directivos perfectos —no existen—, sino comprender cómo toman decisiones y qué incentivos tienen.
9. Estudiar la valoración de la acción
Aquí aparece uno de los puntos más importantes.
Una empresa excelente puede ser una inversión poco atractiva si sus acciones tienen un precio excesivamente elevado respecto a sus beneficios, flujos de caja o perspectivas.
Algunos múltiplos utilizados habitualmente son:
PER
El PER relaciona el precio de la acción con el beneficio por acción.
Un PER elevado puede reflejar expectativas de crecimiento importantes, mientras que un PER bajo puede indicar una valoración más moderada o reflejar que el mercado espera problemas.
Por sí solo, el PER no determina si una acción está cara o barata.
Precio/ventas
Compara la capitalización o precio de la empresa con sus ingresos.
Puede resultar especialmente útil en determinados sectores, aunque tampoco debe utilizarse de forma aislada.
Precio/valor contable
Relaciona el precio de mercado con el valor contable de la empresa.
Tiene una utilidad diferente dependiendo del tipo de negocio.
EV/EBITDA
Compara el valor de la empresa con una medida de resultado operativo antes de determinados gastos.
Es habitual en análisis comparativos, aunque tiene limitaciones y requiere entender qué representa.
La clave está en utilizar varios indicadores y compararlos con empresas similares y con la propia historia de la compañía.
10. Comparar la empresa con sus competidores
Una cifra aislada puede resultar engañosa.
Supongamos que una empresa tiene un margen operativo del 15 %. ¿Es mucho o poco?
Depende del sector.
Por eso es útil comparar la compañía con competidores similares en aspectos como:
- Crecimiento.
- Márgenes.
- Rentabilidad.
- Deuda.
- Valoración.
- Flujo de caja.
- Cuota de mercado.
La comparación debe realizarse entre empresas realmente comparables.
11. Analizar los riesgos
Una buena inversión no se define únicamente por sus oportunidades.
También hay que conocer qué puede salir mal.
Algunos riesgos frecuentes son:
- Endeudamiento elevado.
- Dependencia de pocos clientes.
- Competencia creciente.
- Cambios regulatorios.
- Riesgos tecnológicos.
- Dependencia de una determinada materia prima.
- Exposición a divisas.
- Problemas de gobierno corporativo.
- Cambios en los hábitos de consumo.
Una buena pregunta antes de invertir es:
¿Qué tendría que ocurrir para que mi tesis de inversión fuese incorrecta?
Pensar en escenarios negativos ayuda a evitar análisis excesivamente optimistas.
12. No confundir una empresa excelente con una acción barata
Este es uno de los conceptos más importantes para cualquier inversor.
Imaginemos dos empresas:
La primera es extraordinaria, crece rápidamente y tiene márgenes elevados, pero cotiza a una valoración extremadamente exigente.
La segunda es un negocio más modesto, con crecimiento menor, pero cotiza a una valoración mucho más razonable.
No existe una respuesta automática sobre cuál constituye una mejor inversión. La rentabilidad futura depende no solo de cómo evolucione el negocio, sino también del precio que se haya pagado inicialmente.
13. Tener en cuenta los dividendos
Algunas empresas distribuyen parte de sus beneficios entre los accionistas mediante dividendos.
Los dividendos pueden ser interesantes para determinados inversores, pero no deberían analizarse de manera aislada.
Una rentabilidad por dividendo muy elevada puede deberse a una caída importante de la cotización y no necesariamente a una situación financiera excelente.
Conviene estudiar:
- Crecimiento del dividendo.
- Porcentaje del beneficio destinado al dividendo.
- Flujo de caja.
- Deuda.
- Historial de pagos.
- Sostenibilidad futura.
14. Evitar invertir basándose únicamente en las noticias
Las noticias financieras pueden influir en los precios, pero no siempre proporcionan una visión completa de una empresa.
Un titular positivo puede provocar subidas temporales y una noticia negativa puede generar fuertes caídas.
Antes de tomar una decisión conviene diferenciar entre:
Ruido de mercado: movimientos o noticias de corto plazo.
Cambio fundamental: modificación relevante en las perspectivas del negocio.
No todos los movimientos de precio implican que haya cambiado el valor económico de la empresa.
15. Crear una lista de seguimiento
No es necesario comprar inmediatamente una acción después de descubrirla.
Una alternativa es crear una lista de seguimiento con empresas que cumplan determinados criterios.
Puedes anotar:
- Precio actual.
- Crecimiento.
- Beneficios.
- Márgenes.
- Deuda.
- Flujo de caja.
- Valoración.
- Principales riesgos.
- Motivos por los que te interesa.
Posteriormente puedes revisar si la tesis de inversión continúa siendo válida.
Esto ayuda a reducir las decisiones impulsivas.
16. Diversificar incluso cuando seleccionas acciones
Seleccionar acciones individuales implica asumir riesgos específicos de cada empresa.
Una compañía puede sufrir un problema inesperado que afecte gravemente a su cotización.
Por eso, incluso si tienes mucha confianza en una empresa, concentrar una parte excesiva del patrimonio en ella puede aumentar considerablemente el riesgo.
La diversificación entre diferentes empresas y sectores puede reducir el impacto de un problema individual.
También es posible combinar acciones individuales con fondos diversificados, dependiendo de la estrategia y las circunstancias de cada inversor.
Una checklist para analizar una acción
Antes de comprar una empresa, puedes utilizar una lista sencilla:
Negocio
- ¿Entiendo cómo gana dinero?
- ¿Tiene un modelo de negocio razonablemente sólido?
- ¿Tiene ventajas competitivas?
Finanzas
- ¿Los ingresos crecen?
- ¿Los beneficios son consistentes?
- ¿Genera flujo de caja?
- ¿La deuda es razonable?
Gestión
- ¿Cómo utiliza el capital?
- ¿Qué historial tiene la dirección?
- ¿Los intereses de los directivos están alineados con los accionistas?
Valoración
- ¿Cuál es el PER?
- ¿Cómo se compara con competidores?
- ¿Qué expectativas de crecimiento están reflejadas en el precio?
Riesgos
- ¿Qué podría salir mal?
- ¿Qué factores podrían deteriorar el negocio?
- ¿Qué ocurriría en un escenario económico adverso?
Si no puedes responder a estas preguntas, puede ser una señal de que todavía necesitas investigar más antes de invertir.
¿Cuántas acciones debería comprar?
No existe una cantidad universal adecuada.
Comprar muchas acciones diferentes puede mejorar la diversificación, pero también puede hacer que la cartera sea difícil de analizar y mantener.
Por otro lado, concentrarse en muy pocas empresas aumenta el riesgo específico.
La cantidad dependerá de la estrategia, el patrimonio, los conocimientos y la tolerancia al riesgo de cada inversor.
Los fondos y ETF diversificados pueden ser una alternativa para quienes prefieren no seleccionar empresas individualmente.
Conclusión
Elegir buenas acciones para invertir requiere mucho más que buscar empresas cuyo precio esté subiendo.
Un análisis razonable debería comenzar por entender el negocio, estudiar sus ingresos y beneficios, analizar la deuda y el flujo de caja, identificar sus ventajas competitivas, evaluar al equipo directivo, estudiar los riesgos y, finalmente, comparar todo ello con el precio que se está pagando.
También es importante recordar que incluso un análisis muy completo puede equivocarse. Las previsiones sobre el futuro empresarial contienen incertidumbre y acontecimientos inesperados pueden cambiar rápidamente las perspectivas de una compañía.
Para un inversor principiante, aprender a analizar empresas puede ser un proceso gradual. No es necesario comprar inmediatamente todo aquello que parece interesante. Crear una lista de seguimiento, estudiar los informes de las compañías y comparar diferentes negocios puede ayudar a desarrollar mejores hábitos de inversión.
Y, sobre todo, una buena empresa no es necesariamente una buena inversión a cualquier precio. La calidad del negocio, su valoración y los riesgos asumidos deben analizarse conjuntamente.
Aviso: este artículo tiene carácter exclusivamente educativo e informativo y no constituye asesoramiento financiero, fiscal o de inversión. Las acciones pueden perder valor y existe el riesgo de perder parte o la totalidad del capital invertido. Las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. Antes de invertir, analiza tu situación financiera, tus objetivos y tu tolerancia al riesgo y, cuando sea necesario, consulta con un profesional cualificado.
